El gran misterio

Publicado el 20 marzo, 2020 Publicado por Joaquín Leyva

Dentro de mí habitan dos voces: una de fuego y la otra de agua. Aquí las traigo dentro de mi cabeza moviéndose para todas partes, como ratas acorraladas que no encuentran la salida, y no sé a cuál de las dos hacerle caso cuando se ponen a discutir sin control por cualquier cosa, como dos locas. Es como si echaras en un frasco un puño de moscas y lo agitaras con fuerza, y estas vuelan desesperadas buscando la salida, pegándose contra el cristal. Así andan mis pensamientos allá arriba, todos revueltos golpeando las paredes de mi cabeza, para salir corriendo por mi boca. Y entonces yo me trastorno, me altero y empiezo a pelear conmigo mismo. A veces me convierto en Iván el terrible. Otras, en Ernesto el amoroso. Pero a mí la verdad, me gusta ser simplemente el gran misterio, para que nunca nadie sepa quién soy en realidad.

Yo sé que la Carmen fue la que me parió, pero para mí, la Tuti es mi verdadera madre. Porque ella fue la que me amamantó y me cuidó desde chiquito. A mi mamá le valió madre. Por eso a ella la quiero más. Ella siempre me ha defendido de todos los que me atacan, de aquellos que quieren hacerme algún daño. Por eso me pongo la máscara, para que nadie me reconozca y así poder andar sin miedo en la calle. Con ella me protejo  hasta de los policletos abusones que cada rato me quieren detener nomás porque sí. Que dizque me pongo muy mal cuando me drogo y me da por atacar a la gente. ¡Puras mentiras! Pero yo sé que ellos tienen poder de sobra y yo les tengo miedo porque a veces me golpean y me quieren dañar con sus espadas negras que siempre traen en su cintura.

Cuando camino por las calles, todos se me quedan viendo como si fuera yo un extraterrestre. No saben que el mundo en el que yo me muevo y habito todos los días,  no tiene nada qué ver con el de ellos. Yo soy sólo una sombra, un fantasma, una imagen transparente que nadie puede ver. Por eso  cuando me fumo mi motita me siento muy feliz, porque sé que nadie se da cuenta de mi presencia y no me molestan. Ahorita vengo disfrazado así, de la parte violenta y masculina que me posee, para poder defenderme de cualquier ataque. Con estos puños duros que tengo, me puedo enfrentar a cualquier ataque maligno, sea de quien sea. No tengo necesidad de pedirle ayuda a mi padre, que es uno de aire y fuego, y que cuando él quiere se comporta como una serpiente para poder combatirlos. No, yo puedo solo. Nomás les aplico la llave del alacrán, les inyecto el veneno, los desnuco y luego se quedan vencidos mordiendo el suelo con sus dientes rojos.

Yo a veces no sé quién soy, porque tengo la mente de una mujer y la de un hombre. Las dos voces dentro de mí a un mismo tiempo. No sé cuál de los dos soy, pero de uno de ellos me mantengo. Cuando me convierto en hombre y me llego a enamorar, siempre me tropiezo con la misma mierda. Siempre me tropiezo con alguna mujer, luego me manda a la calle y ya no creo más en sus cosas. Pero mi mamá les gana porque seguro ella es una verdadera diabla.

Entre nosotros, siempre la copa del odio lo envenena todo. Y yo le digo, mi amor perdóname. Porque ella no puede controlar  la corriente de su sangre en las venas y la fuerza de su voz en su garganta. Y yo le digo: mami, Abilene, no me tienes que pedir disculpas. Si te quieres vengar de mí, adelante. Me ve la cara y se suelta riendo. Pero yo todo loco no sé a dónde voy a llegar porque soy muy celoso y el día que la vea platicando con otro no sé qué vaya a pasar…esta cobija es mi capa con la que a veces vuelo, con la que lucho todos los días, con la que también me tapo la cara y en la que siempre duermo junto con mis otras máscaras, y no sé con cuál de ellas voy a amanecer el día siguiente.

“Aquella noche decidió borrarse la cara por completo. Travestirse y salir a la calle a mostrar su verdadera identidad. A través de una metamorfosis liberadora. Cansado ya de ser el habitante solitario de su propio mundo, decidió salir del y convertirse en alguien. Cansado ya del menosprecio, de sentirse menor o incompleto”.