Sociedad y política

Publicado el 14 mayo, 2019 Publicado por Patricia González

MAYO: Las Celebraciones 

“Creemos que algún día nuestro grito de lucha sonará tan estruendosamente que hará caer muros y malos gobiernos y habrá la libertad y la justicia anheladas y entonces… ¡habremos triunfado!”

Rosario Ibarra de Piedra.

Hola, Felicidades ¿cómo vas a celebrar el Día de las Madres preguntó mi hija por el auricular, a eso de las seis de la mañana del pasado Diez de Mayo de 2019 a lo que contesté: Dentro de un par de horas estaré en la Plazuela Álvaro Obregón (en Culiacán) acompañando a grupos de mujeres que van a celebrar protestando y marchando; exigiendo la presentación de sus hijos y familiares que padecieron desapariciones forzadas.  Habrá actos similares en la Ciudad de México y en distintos estados de la República Mexicana con la consigna central ¡Vivos se los llevaron, Vivos los queremos!

Hace más de cuarenta años, por primera vez, a un costado de esa Plazuela Obregón, en el atrio de la Catedral vi a una mujer/madre atípica; llevaba en su pecho la fotografía de su hijo Jesús Piedra Ibarra que fue desaparecido, llevado contra su voluntad el 18 de abril de 1975. A Jesús se lo llevaron, lo encerraron en el Campo Militar número Uno: “la cárcel clandestina más grande del gobierno mexicano”, decía doña Rosario.

Otras mujeres en la geografía mexicana se encontraron en la lucha por encontrar a sus familiares, se convirtieron en madres-de-desaparecidos. Encontraron barreras gubernamentales, en sus estados. Las instancias encargadas de impartir justicia no funcionaron, había que unirse, organizarse y, así nació el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos en México.

En todo el país se unieron fuerzas, en Sinaloa el año de 1977 la Unión de Madres con Hijos Desaparecidos, conformada por mujeres-madres, también exhibiendo las fotografías de sus hijos (la mayoría jovencitos), desplegaron un movimiento que combinó distintas formas de lucha, entre ellas, recuerdo la Huelga de Hambre de 1979 en la Catedral, participamos profesores, trabajadores y estudiantes de la Universidad Autónoma de Sinaloa. También marchamos, hicimos plantones, recabamos firmas, repartimos volantes en las calles, las colonias y los camiones.

La casa de estudiantes femenil de la UAS se llama precisamente “Amnistía” (espero todavía conserve su nombre original), sus habitantes en aquéllos tiempos abrazaron la genuina batalla de las Madres sinaloenses que reclamaban Justicia. Eran tiempos de lucha y compromiso social de nuestra Universidad. El movimiento de las Madres con Hijos Desaparecidos se hizo sentir con fuerza a lo largo y ancho de Sinaloa. El dolor de las madres-de-desaparecidos no era ajeno caló en las conciencias.

Doña Chuyita Caldera de Barrón dio testimonio de su motivación para participar en el movimiento por la presentación de los desaparecidos: “…En agosto del ’76 dos meses después del secuestro de mi hijo José, un muchacho de Guadalajara de nombre Manuel Mercado, recién liberado de los sótanos del Campo Militar No. 1, se comunicó conmigo para informarme que en prisión había tenido por compañeros a José Barrón Caledera, a Tranquilino y Cristina Herrera Sánchez, de San Blas, Sinaloa. Inmediatamente, Rosario Flores Navidad y yo nos fuimos a buscar a Doña Elena (madre de los últimos), a San Blas; Doña Elena nos dijo que en Culiacán habría otra madre con hijo desaparecido y nos rogaba que la buscáramos, de esta manera conocimos a doña Rita Gaytán de López…” (tomado del libro Tiempo de Espera, de Oscar Loza Ochoa, Culiacán, 1986, p.25).

Así se fueron “entretejiéndose historias paralelas. Dolores y penas compartidas. Se sumaron al movimiento doña Margarita Velázquez, Consuelo Carrasco, Catalina García, Martha de Gaxiola, Rosita Herrera, María Pérez y decenas más de madres que buscaron a sus hijos desaparecidos. En octubre de 1977 se hizo el primer acto público, exigiendo al gobierno la presentación de sus hijos”. Marchas, mítines y plantones fueron las formas de lucha recurrentes de dicho movimiento, con la consigna: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Las mujeres de generaciones anteriores y hasta la nuestra, fueron educadas en hogares tradicionales, anclados en la concepción del siglo XVIII que reconoce y acepta un tipo de familia, conyugal (padre, madre e hijos). La familia, de acuerdo con ésta concepción, es la “sociedad natural” que reafirma la estructura patrilineal de la célula familiar. En el siglo XX, la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado modificó las relaciones en el núcleo familiar y en la sociedad. Igualmente, el significado de la maternidad dejó de ser el acto biológico de engendrar, gestar y parir; para la mujer implica, desde entonces, un asunto de gran trascendencia.

Durante la década de los años setentas las mujeres latinoamericanas vivimos un cambio de esas “lógicas lineales del tiempo”. Fui madre a los 24 años, jugué varios roles a la vez, madre-esposa, madre-cuidadora, madre-educadora, madre-militante. Mi generación rompió con estereotipos Conocí en mi juventud de la existencia de madres comprometidas con causas sociales, las madres-esposas de mineros bolivianos que hicieron huelgas al lado de sus compañeros.  De las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, con sus pañuelos blancos en la cabeza, simbolizando los pañales de sus hijos. Madres con Hijos Desaparecidos en México, vestidas con blusas negras, portando las fotografías de sus hijos ausentes, arrancados de sus vidas. Mujeres–madres que visibilizaron fenómenos acallados desde las esferas del poder político: la desaparición forzada; la tortura y el abuso de poder. Libraron y libran hoy luchas incansables contra la impunidad e injusticias.

El año pasado, 2017, también celebré el Diez de Mayo en el kiosko de la plazuela Álvaro Obregón en Culiacán, junto con Mirna Medina, Rosario Flores, Oscar Loza, entre otros, hicimos un ayuno de doce horas. Fue una conmemoración (no celebración) de Sandra Luz Hernández, mujer-madre-de-hijo desaparecido, asesinada en Culiacán, Sinaloa el 12 de mayo de 2014.

Actualmente en Sinaloa se han multiplicado (atomizado diría yo) los grupos que persiguen el mismo objetivo de encontrar a víctimas de desapariciones. La marcha del Diez de Mayo de 2019 en Culiacán tuvo asistencia de aproximadamente doscientas personas, según consignaron algunos medios de comunicación locales. Caminamos desde el centro (Catedral) hasta la Fiscalía estatal. Niños, jóvenes, hombres y mujeres conformamos el grupo que marchó reclamando Justicia, con el grito unánime: “Hijo escucha, tu madre está en la lucha”. Nada qué celebrar coincidimos muchas madres.

Esa fue una manera de Celebración del Diez de Mayo. Atípica, ciertamente.

Socióloga convencida de que valió la pena dedicarse a una profesión “útil” para incidir en la vida social y política.
pagonzalezepmx@gmail.com